Neuronatación: Juegos en el
agua.
El juego en el agua proporciona un
marco para la constitución de patrones lúdicos de comportamiento, y además le permite a
los niños ejercitar y ampliar su capacidad de frustración ya que el reconocimiento del
error implica la motivación para la adquisición de un nuevo logro.
Las reglas de los juegos suponen una expresión de la lógica, en base a ella, cada niño
comienza a comprender lo que es el intercambio y los procesos interactivos entre los
jugadores.
Un niño con adecuada estimulación sensomotora y libertad para moverse posee los
elementos básicos de relación espacio-tiempo inmediatos. Todas las tareas de movimiento
movilizan. En niños con bloqueos afectivos y/o intelectuales, por ejemplo, el desarrollo
de esquemas permitirá ampliar sus posibilidades de acción, establecer las coordenadas
espacio-temporales para ubicarse y desplazarse con éxito o para darse cuenta de los
efectos de sus movimientos. En aquellos niños donde se observan problemas de índole
física o motriz el movimiento actúa como un elemento enriquecedor de sus posibilidades.
El taller de neuronatación ofrece por medio del juego en el agua, un espacio donde se
favorecen las capacidades que el niño posee, considerando este medio como un ámbito
ideal.
La temperatura del agua otorga beneficios fisiológicos indispensables para la
preservación de las funciones y la inhibición de patrones negativos propios de
patologías neurológicas. Es desde la realización de actividades terapéuticas, los
juegos motores, la facilitación neuromuscular propioceptiva y ejercicios propios de la
natación, coordinación inter e intra muscular, coordinación general básica,
coordinación de la mecánica respiratoria que se le acerca al niño la posibilidad de
acomodar, adaptar y asimilar nuevos aprendizajes.
El taller tiene como tarea la adquisición de logros, el abordaje de múltiples temas y
actividades, comunicación, aprendizaje, producción, ensayos e intentos creativos,
elaboración de ansiedades y pérdidas, teniendo como valuarte la capacidad de espera
(muchas veces invalidada por la presión mecanicista que aspira a resultados inmediatos a
través de la consagración del premio y el castigo).
El movimiento y el juego como mediador del mismo, estimula expresiones coordinadas
(capacidades de resistencia, fuerza, velocidad, flexibilidad); nociones espacio-temporales
(dimensión, direccionalidad, ubicación, orientación y desarrollo del sentido del orden)
dando lugar a la promoción de la naturalidad y espontaneidad, lo que permite enriquecer
el movimiento.
Los objetivos se plantean a partir de las necesidades de cada niño previa evaluación
diagnóstica del equipo interdisciplinario integrado por psicólogos, profesores de
educación física, educación especial y psicopedagogas quien elaborará estrategias
conjuntas (terapeuta-madre-niño). Este ámbito resulta beneficioso para aquellos niños
que presentan trastornos generalizados de desarrollo, de conducta, parálisis cerebral,
dificultades en el aprendizaje y otras patologías.
Fernando Javier Flores
Profesor de educación física del Centro de Pedagogía
y Terapéutica de la Diversidad.
Suplemento Mujer - Diario La Capital - 29/08/2004
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