Jugar a aprender
Considerando el aprender como un hecho vital y permanente, y su
dificultad como una manifestación de múltiple causalidad, es conveniente que niños y
adolescentes, a través del juego, arriben a los obstáculos que los objetos de
conocimiento en sí producen.
Mediatizado por actividades lúdicas logramos, juntos, una aproximación
a los hechos que les impidieron, en un momento determinado, operar efectiva y
afectivamente sobre la situación de aprendizaje.
Intentamos crear desde el comienzo, un modelo propio de aprendizaje en el
cual el niño o el adolescente involucrado pueda aprender a reconocer que cosas es capaz
de realizar por sí mismo, estimulando el gusto por conocer, abrirse al mundo que lo
rodea, al preguntar, cuestionar, inventar, ilusionarse. Experimentando también la
necesidad de diferenciarse y aceptando a veces el sufrimiento.
De este modo aparece la alegría que le produce empezar a valorarse, el
sentir que padres, docentes y terapeutas reconocen sus logros, lo que lógicamente aumenta
su autoestima y le posibilita adquirir su identidad.
Las consignas vehiculizadas por el juego cumplen también funciones,
deben ser tan flexibles como originales, y ser pensadas para cada niño en cada
situación, y cuyo marco de referencia teórico se funda en una epistemología
convergente, con marcado acento cognotivista.
Sabiendo de sus posibilidades, los niños y adolescentes logran comenzar
a manejarse con ductilidad donde la fantasía es estimulada; jugando diferentes roles,
lentamente se van acercando a sus realidades en el presente.
Este es el momento en que se realizan los señalamientos que permiten
centrar la atención en aquellas conductas subyacentes y en las no adquiridas que le
impidieron y le impiden aprender.
Esta actividad está orientada a aprender a ser uno mismo, intentar el
logro del encuentro con su interior y crecer en autonomía, y -por otra parte- adquirir la
capacidad de aprender a elegir en el tiempo y el espacio que su realidad le otorga.
Psp. Silvia S. Bárbara - © 1998
 |